Querido Imbécil, la tragicomedia

QI06

QUERIDO IMBÉCIL es tanto una vindicación en clave de comedia burra del hombre pusilánime como una defensa visceral de la mujer guerrera e indomable. Cuenta la historia de Romeo (Álvaro Lafora, del grupo IMPROCLAN y visto en AMOR TÓXICO), un pobre diablo, una criatura insignificante y de patética existencia, aspirante a humorista de culto y exágeta de la Biblia, atado de por vida a la mujer equivocada. Desi (Belén Riquelme, vista en LA LAVA EN LOS LABIOS y LOS DESÓRDENES SENTIMENTALES), ejecutiva agresiva y hembra de carácter, no desaprovecha ni un momento para humillarle física y psicológicamente, inventando para él los más crueles jueguecitos y los castigos más ingeniosos. Llega un momento en que Romeo no puede más con su situación de hombre maltratado, hazmerreír de propios y extraños, y recurre a un servicio para víctimas de violencia de género. Es el momento en el que se encontrará apoyo, cariño y comprensión en la voz grabada del servicio telefónico (que tal vez sólo exista, por supuesto, en su cabeza, pero que para los oídos de los espectadores está interpretada por Mariu Bárcena), iniciándose así un curioso y absurdo triángulo que tendrá las consecuencias más inesperadas e impensables. La comedia, tierna y trágica al mismo tiempo, de principio a fin, es una broma infinita y salvaje sobre un tema muy serio (los únicos sobre los que merece la pena hacer bromas), o un análisis muy serio y reflexivo sobre todo lo contrario.

QUERIDO IMBÉCIL, el nuevo espectáculo teatral, imprevisible, rompedor y diferente, dirigido por NORBERTO RAMOS DEL VAL (director, entre otras, de FARADAY, SUMMERTIME y EL ÚLTIMO FIN DE SEMANA, así como la inminente AMOR TÓXICO) y escrito por PABLO VÁZQUEZ, tras el éxito de HIJAS DE LA GRAN PUTA y del microteatro WAITING FOR THE GIRL. UNA COMEDIA TOXICÓMANA, es una comedia negra con la que a veces resulta incómodo identificarse. Como en todo el cine de su director, aquí las mujeres vuelven a ser personajes de armas tomar, de rasgos duros y reacciones a veces apabullantes, mientras que los hombres también continúan siendo unos pobres peleles en sus manos, incapaces de corresponder a una idea incendiaria y apasionada del amor romántico, pero dispuestos a aguantar cualquier cosa con tal de escapar de su soledad.